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martes, 7 de abril de 2026

COMPROMISO, de Alicia Edith Pereyra

Alicia Edith Pereyra, secretaria de SADE Ensenada, ratifica el orgullo malvinero en estas hermosas estrofas, cuando transitamos el 44º Aniversario de la Gesta de Malvinas.

               I

Opaco reclinatorio,

desvencijado y austero,

fue testigo de aquel rezo:

¡Padre Nuestro, compañero!”


El combatiente piadoso,

abrazando su silencio,

sollozaba los recuerdos:

"¡Desde el hielo, Padre Nuestro!"


Padre nuestro entre los montes,

fríos rostros mutilados,

turba, salitre, trinchera,

corazones desterrados.


En el viento, ecos de pólvora,

de nieve y balas, sudario;

lluvia de fuego en la noche,

banderas de sangre y llanto.


              II

Nieve eterna en las Malvinas,

cicatrices que no cierran,

yermos silencios que gritan,

cartas que duelen ausencias.


Ajeno al fulgor que baja

en la femenil presencia,

virginal blancura surge,

y lo mira muy certera:


"¡Trémulo y frágil soldado,

noble espíritu valiente!",

la pureza lo obnubila

al bisoño adolescente.


El asombro ya lo invade,

celeste, blanca y altiva;

un gorro frigio la honra.

"¡Eres mi Patria, Argentina!


Presto esquiva la mirada

el núbil guerrero en ciernes,

en su pecho la vergüenza

le palpita hasta en las sienes.

              III

Dulce Patria maternal

lo rodea con sus brazos,

¿olvidaste, por ventura,

el manto puro y filial,

que ante los fríos ocasos

los cobijó con ternura?


Supe del hambre y la herida,

supe de bombas y muertes;

la ceguera de la noche

y mi piel estremecida,

al ver corderos inertes

cavando tumbas sin nombre”.


Cruel el manto de neblinas,

vuelos de acero y escarcha

sobre noches de exilio,

plúmbicas brisas marinas,

bajo la gélida marcha

hicieron presa del nido.


              IV

¡Oh, amada, mi Argentina,

frente a ti sufriendo vivo,

pues no tuve el pecho altivo

ni mi entrega tan genuina,

de mi fe, soy fiel cautivo.”


Así contestó el soldado

mirando su verde traje,

y en ese lento andamiaje

del gran sueño derrumbado

la Patria habló en su linaje.


Oye mi clamor sereno,

de esperanza y caridad,

para que haya dignidad,

para nuestro inmenso pueblo,

bajo el manto azul y pleno

bendecido en hermandad.


             V

Suelten palomas de paz,

eleven todos el vuelo,

trabajando en comunión

por el magnánimo suelo,

por la eterna libertad

del triunfo que yo anhelo.



Fuerza y empeño en la sangre,

valor en el corazón.

¡Mira este cielo, soldado,

imagen de bendición,

que llegará hasta Argentina

el tiempo de redención!

Alicia Edith Pereyra

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