Un breve relato colmado de sabores y olores de la infancia nos regala Mirta Gracia Rivera, socia de SADE Ensenada

Un breve relato colmado de sabores y olores de la infancia nos regala Mirta Gracia Rivera, socia de SADE Ensenada


La centenaria casa de la calle La Merced.
Antiguo hotel de naciones, testigo del ayer.
Con paseos de galera en la bella ensenadera,
por aquellas callecitas empedradas y faroleras.
Cien años de historia entre sus paredes
que guardan secretos de muertos y vivos,
memorias entrelazadas con virtudes y vicios.

La centenaria casa de la calle La Merced.
Hoy es casa de opiniones y fuerza política,
suspiros de grandeza y libertad cultural.
Enaltecida por gente que pasa, labora y sueña.
La centenaria casa de la calle La Merced.
Sigue brillando como un faro de historia y tradición
en medio de la modernidad y evolución.
Un tesoro que perdura en el tiempo con esplendor.
Alicia Edith Pereyra, secretaria de SADE Ensenada, ratifica el orgullo malvinero en estas hermosas estrofas, cuando transitamos el 44º Aniversario de la Gesta de Malvinas.
I
Opaco reclinatorio,
desvencijado y austero,
fue testigo de aquel rezo:
“¡Padre Nuestro, compañero!”
El combatiente piadoso,
abrazando su silencio,
sollozaba los recuerdos:
"¡Desde el hielo, Padre Nuestro!"
Padre nuestro entre los montes,
fríos rostros mutilados,
turba, salitre, trinchera,
corazones desterrados.
En el viento, ecos de pólvora,
de nieve y balas, sudario;
lluvia de fuego en la noche,
banderas de sangre y llanto.
II
Nieve eterna en las Malvinas,
cicatrices que no cierran,
yermos silencios que gritan,
cartas que duelen ausencias.
Ajeno al fulgor que baja
en la femenil presencia,
virginal blancura surge,
y lo mira muy certera:
"¡Trémulo y frágil soldado,
noble espíritu valiente!",
la pureza lo obnubila
al bisoño adolescente.
El asombro ya lo invade,
celeste, blanca y altiva;
un gorro frigio la honra.
"¡Eres mi Patria, Argentina!
Presto esquiva la mirada
el núbil guerrero en ciernes,
en su pecho la vergüenza
le palpita hasta en las sienes.
![]() |
III
Dulce Patria maternal
lo rodea con sus brazos,
“¿olvidaste, por ventura,
el manto puro y filial,
que ante los fríos ocasos
los cobijó con ternura?
Supe del hambre y la herida,
supe de bombas y muertes;
la ceguera de la noche
y mi piel estremecida,
al ver corderos inertes
cavando tumbas sin nombre”.
Cruel el manto de neblinas,
vuelos de acero y escarcha
sobre noches de exilio,
plúmbicas brisas marinas,
bajo la gélida marcha
hicieron presa del nido.
IV
“¡Oh, amada, mi Argentina,
frente a ti sufriendo vivo,
pues no tuve el pecho altivo
ni mi entrega tan genuina,
de mi fe, soy fiel cautivo.”
Así contestó el soldado
mirando su verde traje,
y en ese lento andamiaje
del gran sueño derrumbado
la Patria habló en su linaje.
Oye mi clamor sereno,
de esperanza y caridad,
para que haya dignidad,
para nuestro inmenso pueblo,
bajo el manto azul y pleno
bendecido en hermandad.
V
Suelten palomas de paz,
eleven todos el vuelo,
trabajando en comunión
por el magnánimo suelo,
por la eterna libertad
del triunfo que yo anhelo.
Fuerza y empeño en la sangre,
valor en el corazón.
¡Mira este cielo, soldado,
imagen de bendición,
que llegará hasta Argentina
el tiempo de redención!