Alicia Edith Pereyra, secretaria de SADE Ensenada, ratifica el orgullo malvinero en estas hermosas estrofas, cuando transitamos el 44º Aniversario de la Gesta de Malvinas.
I
Opaco
reclinatorio,
desvencijado
y austero,
fue
testigo de aquel rezo:
“¡Padre
Nuestro, compañero!”
El
combatiente piadoso,
abrazando
su silencio,
sollozaba
los recuerdos:
"¡Desde
el hielo, Padre Nuestro!"
Padre
nuestro entre los montes,
fríos
rostros mutilados,
turba,
salitre, trinchera,
corazones
desterrados.
En
el viento, ecos de pólvora,
de
nieve y balas, sudario;
lluvia
de fuego en la noche,
banderas
de sangre y llanto.
II
Nieve
eterna en las Malvinas,
cicatrices
que no cierran,
yermos
silencios que gritan,
cartas
que duelen ausencias.
Ajeno
al fulgor que baja
en
la femenil presencia,
virginal
blancura surge,
y
lo mira muy certera:
"¡Trémulo
y frágil soldado,
noble
espíritu valiente!",
la
pureza lo obnubila
al
bisoño adolescente.
El
asombro ya lo invade,
celeste,
blanca y altiva;
un
gorro frigio la honra.
"¡Eres
mi Patria, Argentina!
Presto
esquiva la mirada
el
núbil guerrero en ciernes,
en
su pecho la vergüenza
le
palpita hasta en las sienes.
III
Dulce
Patria maternal
lo
rodea con sus brazos,
“¿olvidaste,
por ventura,
el
manto puro y filial,
que
ante los fríos ocasos
los
cobijó con ternura?
Supe
del hambre y la herida,
supe
de bombas y muertes;
la
ceguera de la noche
y
mi piel estremecida,
al
ver corderos inertes
cavando
tumbas sin nombre”.
Cruel
el manto de neblinas,
vuelos
de acero y escarcha
sobre
noches de exilio,
plúmbicas
brisas marinas,
bajo
la gélida marcha
hicieron
presa del nido.
IV
“¡Oh,
amada, mi Argentina,
frente
a ti sufriendo vivo,
pues
no tuve el pecho altivo
ni
mi entrega tan genuina,
de
mi fe, soy fiel cautivo.”
Así
contestó el soldado
mirando
su verde traje,
y
en ese lento andamiaje
del
gran sueño derrumbado
la
Patria habló en su linaje.
Oye
mi clamor sereno,
de
esperanza y caridad,
para
que haya dignidad,
para
nuestro inmenso pueblo,
bajo
el manto azul y pleno
bendecido
en hermandad.
V
Suelten
palomas de paz,
eleven
todos el vuelo,
trabajando
en comunión
por
el magnánimo suelo,
por
la eterna libertad
del
triunfo que yo anhelo.
Fuerza
y empeño en la sangre,
valor
en el corazón.
¡Mira
este cielo, soldado,
imagen
de bendición,
que
llegará hasta Argentina
el
tiempo de redención!
Alicia
Edith Pereyra