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sábado, 25 de abril de 2026

MÁS QUE ESTANTES: LA BIBLIOTECA COMO MI REFUGIO , de Aixa Moreno

Mi relación con la biblioteca de Euforión comenzó en primer grado de primaria, cuando mi maestra me llevaba a sesiones de lectura. Me acuerdo que yo odiaba ir a la biblioteca más que nada porque te hacían sentar en el suelo y siempre me llenaba las piernas de astillas por el piso de madera. Era horrible porque tenía miedo de que se me clavaran en la piel. También era un poco aburrido ir y solo escuchar.

A medida que iban pasando los años, la biblioteca se fue transformando, pasé de estar sentada en el suelo escuchando a alguien leer un cuento, a elegir mis propios libros y leerlos sentada en pequeñas sillas de colores.

Algo de lo que más me acuerdo era de la decoración. La que tenia la biblioteca me fascinaba, las sillas de colores, el rompecabezas de goma, los carteles en las paredes que siempre decían: "leer forma una mejor persona".

Me generaba curiosidad esa frase por el simple hecho de que a mí no me gustaba leer, ¿era mala persona? Me preguntaba, entonces me obligaba a sacar libros gigantes para después tenerlos de decoración en mi casa hasta que pasaran los quince días y tuviera que devolverlos. No leía, pero siempre participaba de las actividades que proponía la biblioteca. Amaba escribir. Con el paso del tiempo fui descubriendo que me interesaba la lectura de terror y misterio.


Otra cosa de la que me acuerdo es del cambio que sufrió la biblioteca, algo de lo que nunca fui consciente hasta que lo mencionaron, recordando las astillas en el suelo. Se sentía raro recordar lo grande que era y ahora ver un cuarto de lo que era antes. Cada tanto me siento mal por la bibliotecaria porque sé que no es un cambio agradable, menos cuando es un lugar al cual le tienen un gran cariño.


Desde ese momento, lentamente fui yendo más seguido, no a leer sino a pasar el tiempo ahí. Me di cuenta que la biblioteca no es solo un lugar al que se va a leer o donar libros, sino que es un sitio tranquilo y seguro, pudiendo notar como los estudiantes iban a esperar, comer o simplemente a charlar con la bibliotecaria, siempre respetando ese ambiente cálido que brindaba.

La biblioteca se fue convirtiendo en un lugar en donde encuentro paz, en donde puedo estar tranquila y cómoda en donde puedo despejar la mente y estar en silencio por unos minutos o más. En pocas palabras, es el refugio de los estudiantes de Euforión, desde los niños de jardín hasta los más grandes de secundaria. Brindándonos toda la información que necesitamos, desde libros de historia hasta cuentos de hadas, sabiendo que siempre podemos contar con el espacio, la biblioteca y las bibliotecarias.

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