Damos a conocer este
sensible texto que trabaja sobre el tiempo, la distancia y los afectos. Es de
Oscar Moreno, integrante del Taller de
Escritura municipal y fue presentado en la muestra de medio término que
se realizó el domingo 19 de
julio de 2026 bajo el nombre de "Boom Cultural". El evento se celebró
en el Edificio Malvinas y La Vieja Estación.
Una pareja recién comenzaba, juntos, su camino. Creían
tener el futuro bajo control. Habían planeado cada paso, cada objetivo,
convencidos de que la voluntad bastaba para alcanzar cualquier sueño.
Los pasajes estaban comprados. El equipaje, listo. El
entusiasmo desbordaba cada conversación.La despedida fue alegre, aunque cargada de abrazos largos y promesas de un pronto regreso. Dejaban atrás a la familia, los amigos y la tranquilidad de lo conocido para comenzar una nueva vida.
El viaje fue extenso.
Y, al llegar a ese lugar, descubrieron que los mapas solo indican distancias, nunca el peso de la ausencia.
Los primeros meses estuvieron llenos de esperanza. Después aparecieron: el cansancio, las dificultades y la sensación de ser extraños en una tierra que nunca terminó de pertenecerles; no se sentían incluidos en esa nueva sociedad.
La distancia dejó de medirse en kilómetros. Comenzó a instalarse entre ellos.
Las conversaciones fueron perdiendo profundidad. Las sonrisas se hicieron escasas. Los proyectos quedaron reemplazados por la necesidad de llegar al día siguiente.
El sueño que los había unido empezó, lentamente, a desgastarlos. Pasaron los años.
Volver significaba aceptar que las cosas no habían sucedido como las imaginaron. Quedarse era continuar viviendo una vida que ya no les pertenecía.Finalmente regresaron.
Pero el tiempo también había trabajado en su ausencia.
Las calles seguían allí, aunque parecían distintas. Los amigos habían cambiado. Algunos seres queridos ya no estaban.
Ellos tampoco eran los mismos.
Una madrugada, sin discusiones ni reproches, uno de los dos hizo la valija y se marchó. No quedaban palabras capaces de reparar lo que el tiempo había desgastado.
El otro permaneció sentado, mirando el amanecer. Comprendió que existen viajes de los que nunca se regresa por completo, porque el verdadero exilio comienza mucho antes de abandonar la casa, el lugar, un país: empieza el día en que dos personas dejan de reconocerse en la mirada del otro.


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