De junio soy.
Presagio de fuego, de refugios.
Signada por la mística invernal de los que mueren de frío, y de
tibiezas ajenas.
Vulnerable dualidad y resiliencia.
Como brote que espera en su latencia, como escondite que desdeña
al sol.
Cangrejo a contramano, que defiende su frágil entraña.
Estoico y agreste dulzor,
que ya no se enmascara.
Flor que se entrega y deshoja en amor.
Nido, montaña. Eremita.
Vigía.
Nave insignia de un imperio extinto, que erra entre los sueños.
Que escolta sus secretos.
Navegando silenciosa entre la vida y la muerte.

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